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Pedaleando por la concienciación climática

Fabian e Inka, dos jóvenes neozelandeses, recorren 10.000 kilómetros de Europa durante nueve meses en bicicleta para difundir los peligros del cambio climático. Con su proyecto, Europa sobre cuatro ruedas, amparado por las Naciones Unidas, quieren demostrar que es posible viajar con una huella de carbono mínima. Zaragoza ha contado con su presencia esta semana, donde han difundido su mensaje tanto en el entorno escolar como universitario.
Noticia de  CARLOS RAMOS en
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/pedaleando-concienciacion-climatica_1201944.html

17/05/2017

 Los jóvenes, junto a sus bicicletas, en Portugal - INSTAGRAM DE INKA Y FABIANLos jóvenes, junto a sus bicicletas, en Portugal – INSTAGRAM DE INKA Y FABIAN

Dos bicicletas, un casco y una mochila cargada a sus espaldas de objetos personales y espíritu ecologista a partes iguales. Fue todo lo que necesitaron Inka Vogt y Fabian Beverigne, dos jóvenes neozelandeses de 19 y 18 años respectivamente, para iniciar su recorrido por buena parte de Europa en este vehículo de dos ruedas. Esta “locura”, como ellos mismo califican, de 10.000 kilómetros, y nueve meses de continuo pedaleo, parte con un claro objetivo: concienciar a la gente sobre la importancia de luchar contra el cambio climático. Ahora frenan en Zaragoza para hacer llegar su relato cargado de ecologismo a distintos rincones y espacios- escolares y universitarios- de la capital aragonesa.

“La mayor contribución que queremos hacer con nuestro viaje es concienciar al mundo sobre el cambio climático y sobre la acción  a favor del clima, haciendo ver a las personas que se puede viajar como lo hacemos nosotros”, afirman esta pareja, unidos por la ecología y los sentimientos a partes iguales.

No son deportistas profesionales, ni tampoco ha invertido un tiempo excesivo de preparación física  para cumplir el reto. “Nos parecía sencillo”, relatan. Su juventud no está reñida con su filosofía medioambiental, la cual la han mamado desde muy pequeños. Los progenitores de ambos trabajan en pro de la conservación medioambiental y, en concreto Fabian ya ha participado en voluntariados relacionados con la lucha frente a la contaminación atmosférica y la preservación animal. “Yo procedo de Sudáfrica y allí no les importa mucho el medioambiente. Cuando me mudé con mi familia a Nueva Zelanda  vi que era un tema más extendido, de preocupación general”, añade Inka.

Itinerario planeado por Inka y Fabián /United Nations 

La travesía, bautizada como Europa on four wheels (Europa sobre cuatro ruedas), comenzó como una iniciativa personal que fue cobrando fuerza a raíz de que las Naciones Unidas contactaran con ellos para que fueran embajadores de Climate Now e Impulso para el Cambio, dos proyectos a escala mundial, amparados por la O.N.U., en las que personas, empresas e instituciones actúan frente a la reducción de la huella de carbono calculando sus emisiones de Co2 y creando fondos destinados a proyectos de desarrollo sostenible.

Los jóvenes relatan el empeño que tuvieron que poner para que esta ilusión inicial se convirtiera en un proyecto real: “En el último año de instituto tuve dos trabajos para conseguir ahorros para el viaje”, subraya Fabian. Según ellos, en Nueva Zelanda es “común” tomarse un año sabático tras acabar la Secundaria para viajar alrededor del mundo, pero hacerlo en bicicleta es “más inusual”.

Tras un largo proceso de documentación, consultando aplicaciones y blogs de ciclistas que habían realizado un recorrido similar, el proyecto daba el pistoletazo de salida desde el aeropuerto de Wellington con destino a Oporto, el punto de partida de una ruta “flexible y abierta” que comenzó el 27 de marzo.

“No pudimos evitar ir en avión hasta Portugal, aunque también pasamos tres meses en barco para llegar. En todo momento calculamos las emisiones durante el trayecto, las cuales ya han sido compensadas”, comentan.

En poco más de un mes que llevan de trayecto, ya han recorrido buena parte de Portugal, cruzando la frontera con España, siguiendo por el Río Duero, pasando por Madrid, Burgos y Valencia hasta llegar a Zaragoza.  Y es que el ritmo que llevan no está al alcance de cualquiera: “En Portugal hacíamos en torno a los 30 km, ahora en España hacemos 70 de media e incluso 100”, aseguran.

https://www.instagram.com/p/BT3srVgDI_H/embed/captioned/?cr=1&v=7#%7B%22ci%22%3A0%2C%22os%22%3A33704.995%7DPor el camino, han dejado anécdotas, aprendizaje, charlas y entrevistas con personalidades de diversas empresas y asociaciones como Iberdrola o la Fundación Biodiversidad, en la capital española, respondiendo así a su papel de embajadores del proyecto de Naciones Unidas. No obstante, preguntados sobre el adjetivo que mejor describe su experiencia, no dudan en afirmar que la hospitalidad de la comunidad portuguesa y española: “Nos han ofrecido incluso quedarnos más de una noche, pero no queremos abusar”, sostienen entre risas.

Su presupuesto es ajustado, pero “alguna noche la hemos pasado en un hostal” e incluso han podido disfrutar de un café. Por norma general, se limitan a consumir lo mínimo.

ALTO EN ZARAGOZA// Zaragoza ha sido una de las ciudades escogidas para hacer un alto en el camino. Llegaron el domingo y durante sus dos días de estancia, lunes y martes, no han parado.

El instituto Pedro de Luna y la antigua Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza han sido los lugares donde han ofrecido su experiencia a alumnos del propio centro escolar como del CULM (Centro Universitario de Lenguas Modernas) de la Universidad de Zaragoza, quienes les han acompañado y guiado durante esta parada.

“Consideramos que el relato de su experiencia supone un gran aprendizaje para los alumnos de nuestro centro. Dada su juventud, es muy enriquecedor”, afirma Julia Jiménez, directora de CULM.

La entidad sostiene que el balance con Inka y Fabian ha sido muy positivo y no descartan incluir otra iniciativa de este tipo en su programa de actividades. “Desde CULM ya disponemos de programas como el `intercambio tándem´ con el que pretendemos conectar a nuestros estudiantes con los que vienen de Erasmus. En cuanto a realizar más conferencias de este tipo, sí que estamos abiertos”, confirma Jiménez.

REDES SOCIALES, PLATAFORMA DE DIFUSIÓN// Las redes sociales se han convertido en un pedal más de su bicicleta. A través de su cuenta en Facebook e Instagram, así como en su blog, relatan sus vivencias e ilustran sus encuentros con los locales y personalidades con las que se reúnen. Todo un cuaderno de viaje que en sus adentros guarda un fin más profundo: “Con el movimiento en las redes queremos llegar a la gente más joven. Somos el futuro y si no hacemos el cambio ahora, no podremos salvar el planeta”, apuntan.

Pero esta bitácora no está cerrada. Tras el descanso en Zaragoza ponen rumbo a Barcelona con las pilas cargadas, donde darán una conferencia en la Universidad el próximo viernes. Al horizonte quedan sus próximos destinos- Francia, Italia, Alemania, Grecia y Serbia, entre otros- hasta alcanzar Bonn, la meta prefijada para el próximo 28 de diciembre, donde visitarán la sede de la secretaría de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Son casi 8 meses los que restan y unos 9.000 kilómetros; un camino largo y duro para unos jóvenes que han sabido hacer de su compromiso ecológico y la fuerza de sus piernas el mejor motor y el espléndido combustible para que la preservación medioambiental cale a lo largo y ancho del continente europeo.

 

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Foto de Fabian e Inka en el IES Pedro de Luna (ZGZ)

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Niñ@s oscenses concienciarán a los conductores.

Los niños de Huesca concienciarán a los conductores sobre el uso del coche en los entornos escolares repartiendo más de 4.000 folletos que informan de los beneficios de ir andando y en bici y que recogen, asimismo, peticiones de los menores a los conductores.

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Este documento ha sido elaborado por los miembros del Consejo de la Ciudad de las Niñas y de los Niños, dentro del proyecto ‘Todos juntos a la escuela’.

En él, se incluyen propuestas de los menores como utilizar menos el coche, conducir más despacio y con más cuidado, no circular por las calles de los colegios o no aparcar delante de los centros escolares, según ha dado a conocer en rueda de prensa, la miembro del Consejo de la ciudad de las Niñas y de los Niños, Milena Escario.

Por su parte, la profesora Lidia Bañares ha confiado en que estas acciones “lleguen de manera directa a los conductores y sirvan de reflexión”. Junto con este folleto, se ha elaborado un video que se distribuirá en redes sociales.

 

De heraldo.es
http://www.heraldo.es/noticias/aragon/huesca-provincia/huesca/2017/05/02/los-ninos-huesca-concienciaran-los-conductores-sobre-uso-del-coche-los-entornos-escolares-1173181-302.html

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Una mujer desafía al machismo en Irak sobre una bicicleta

Texto tomado de: Eldiario.es

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Foto Corriere della Sera

Las chicas no montan en bici. En Irak no hay ninguna ley que lo prohíba pero es así. Todo el mundo lo sabe. También Marina Jaber, la joven artista de 25 años que ha roto esa norma. La historia comenzó hace un año como un proyecto para una instalación en un festival de arte en el que trató de responderse a la pregunta: “¿Y qué pasa si lo hago?”.

La respuesta fue descubrir que la bicicleta podía convertirse en un símbolo de libertad y emancipación, una herramienta para enfrentar a la sociedad con sus propias tradiciones y reclamar los derechos de las mujeres.

Marina Jaber siempre quiso tener una bicicleta roja, cuenta a eldiario.es desde su casa en Bagdad. Y hubo un momento en su vida en el que estuvo cerca de cumplir su sueño. Su primo tenía una, que solían compartir. Cuando, a consecuencia de la guerra, en 2004, parte de su familia se marchó del país, él le regaló la bicicleta pero su abuelo nunca se la dio. La vendió. Las chicas no montan en bici.

Marina tenía unos once años, como Wadja, la protagonista de La bicicleta verde, la película en la que Haifa Al Mansour retrató el peso de los prejuicios sobre este tema en la vecina Arabia Saudí.

Hace un año y medio pedaleó por fin sobre una bicicleta roja. Fue en Londres. “La familia de mi prometido vive en Reino Unido y fuimos a visitarles. Él sugirió que alquiláramos unas bicis. Eran todas rojas, parecían regalos de Navidad, muy bonitas”, recuerda.

—Pero yo no sé montar en bici –dudó.

—Me dijiste que solías hacerlo de pequeña.

—Sí, pero lo he olvidado.

—Hay ciertas cosas que nunca se olvidan, prueba.

Aquella experiencia la turbó, fue contradictoria. “Por un lado me sentí feliz, muy orgullosa de mí misma conduciendo una bicicleta pero al mismo tiempo no me gustó ese sentimiento. Era solo una bici, debería sentirme así con cosas importantes, no eso, y me preguntaba por qué no podía hacer lo mismo en mi país, por qué no está permitido. ¿Realmente es algo que no se acepta o es que simplemente hemos dejado de hacer estas cosas?”, se preguntaba.

“Sentí miedo, como si estuviera haciendo algo malo”

Jaber se graduó en Biotecnología y ha trabajado como nutricionista pero desde hace un tiempo se dedica a las artes. Fue en un seminario impartido por el artista alemán Fabian Knecht donde surgió la idea de recorrer las calles de Bagdad en bicicleta. Ese sería su proyecto, una instalación de fotografías y vídeo para mostrar el impacto social de la acción que se expuso en abril del año pasado en el Festival de Arte Independiente Tarkib.

El origen de la idea fue crear una instalación de fotografías y video para el Festival de Arte Independiente Tarkib | Imagen: Ayman Al Amir
El origen de la idea fue crear una instalación de fotografías y video para el Festival de Arte Independiente Tarkib | Imagen: Ayman Al Amir

El proyecto se pergeñó a escondidas de su familia. “Ni mi padre ni mis hermanos hubieran estado de acuerdo, tuve que mentirles. Ellos pensaban que yo me iba a trabajar y en realidad había dejado el trabajo para montar en bici”, cuenta.

Al principio recorrió las calles del centro, como Abu Nuwas, y de ahí fue hasta barrios más populares y conservadores donde la experiencia no fue tan positiva. Comentarios desagradables, miradas, empujones… “Sentí miedo, como si estuviera haciendo algo malo y empecé a cuestionarme qué estaba haciendo. Me decía a mí misma que no era necesario. El corazón me latía con fuerza”, recuerda.

Entonces se topó con un soldado que estaba cerrando la calle con unas vallas. Ahí reconoce que estuvo a punto de darse la vuelta, instalada en esa idea de que estaba haciendo algo malo, pero el hombre cogió la valla y le abrió el paso. “¡Sí! Eso es’, me dije. ‘Tengo que forzarme en esta sociedad, cómo voy a querer que las chicas se rebelen por sus derechos si yo no me atrevo a ir en bici”. Aprendió la lección.

“Tuve esa idea de cambio, que puedes hacer cosas nuevas, que una persona puede hacer cualquier cosa aunque esta no sea común. La gente tiene que acostumbrarse”, como el tendero que la miraba fijamente con gesto de desaprobación, una fotografía que se hizo viral en internet. “Después de un rato dejó de mirarme y siguió con su trabajo, yo toqué el timbre y ya no volvió a mirarme más”.

“Mis hermanos dejaron de hablarme”

Su familia no visitó esa primera exposición pero en octubre hubo una segunda muestra ampliada, con más fotografías en otros lugares. Algunas se compartieron en Instagram bajo el hashtag en árabe #Iamsociety. “Al día siguiente mis fotos estaban en todo internet”. El impacto en las redes sociales fue masivo. Marina recibió cientos de mensajes de apoyo pero también numerosas agresiones. “Mis hermanos se enteraron y dejaron de hablarme. Piensan que es como insultarles, como si los estuviera poniendo en riesgo”.

Bajo el lema "I am society", la artista quería mostrar el impacto social de ver a una mujer montando en bicicleta | Imagen: Ayman al Amir
Bajo el lema “I am society”, la artista quería mostrar el impacto social de ver a una mujer montando en bicicleta | Imagen: Ayman al Amir

Lo que más le sorprende es la diferencia entre el mundo virtual y la vida real. “En las redes sociales todo es tan diferente. La gente real, en la calle, no tiene ningún problema pero en las redes hay tanta gente mezquina. Incluso amigos que se burlan de mí, que comparten fotos diciendo lo estúpida que soy. Eso me entristece, gente que no dice nada a la cara pero lo hacen en internet”, lamenta.

En la balanza han pesado más los apoyos. Otras chicas se han animado a usar la bicicleta, mucha gente le ha escrito expresándole su deseo de unirse a ella y, desde entonces, se organizan periódicamente paseos en bici por las calles de la ciudad. “La gente me dice que ahora Bagdad se ve mucho mejor, que les hago sentir en los setenta, cuando era habitual que las mujeres montaran en bici”.

“Bien hecho por comenzar una revolución”, le comentaban hace unos días en uno de sus perfiles en las redes sociales. Marina Jaber comparte ahí su día a día con la bicicleta, que se ha convertido en su medio de transporte. El pasado domingo, por ejemplo, subió una fotografía de su bicicleta, a la que ha bautizado como “the iron horse” (el caballo de hierro), en un aparcabicis que había instalado el dueño de una cafetería el día después de que ella le comentara que tenía problemas para dejar la bicicleta allí. Pequeños cambios cotidianos.

“Con la guerra estábamos ocupados en lo grande”

Esta experiencia ha hecho que la joven artista se plantee por qué “hay tantas cosas con las que las mujeres están de acuerdo”, por qué no es común ver a una chica haciendo deporte en público, corriendo por la calle, en las gradas de los estadios… “Pero esto no lo he hecho solo por las mujeres sino por todo lo que hemos dejado de hacer”, y admite que la guerra ha sido una de las principales razones.

Ahora se organizan quedadas mixtas para recorrer en bicicleta las calles de Bagdad | Imagen cedida
Ahora se organizan quedadas mixtas para recorrer en bicicleta las calles de Bagdad | Imagen cedida

“Con la guerra estábamos ocupados en lo grande, sobrevivir, tratar de mantenernos a salvo, con explosiones, con gente muriendo frente a nosotros, eso nos hizo olvidar las pequeñas cosas. Habrá quien piense que es estúpido, que no es relevante, pero son las pequeñas cosas lo que verdaderamente importa. En otros países es normal y por eso no se aprecia. Aquí en Irak sí lo apreciamos porque no es tan fácil”, destaca.

A Marina Jaber la llaman “la chica de la bici”. La popularidad también le ha abierto los ojos sobre otros problemas a los que se enfrentan las mujeres. “Empecé a recibir muchos mensajes de chicas diciéndome lo fuerte que era, y me contaban sus vidas, cómo habían sido maltratadas por sus padres, hermanos, maridos, diciéndome que necesitaban una solución, que no sabían qué hacer”.

A una de ellas la acogió en su propia casa, donde vive con su marido. “Me he dado cuenta de que tengo que hacer algo más grande. Estoy pensando en crear un refugio para mujeres maltratadas. En Bagdad necesitamos refugios seguros. Las mujeres en esta situación no pueden huir. Sé que me tomará tiempo pero voy a trabajar en ello, tengo que ofrecerles un lugar seguro”, promete con la misma certeza con la que hace un año se dijo: “Tengo que montar en bici”.

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Foto de:  Madame Figaro

Día sin coches (y sin bicicletas) en Bogotá.

Una escuela de inglés en Bogotá recomendaba a sus profesores no usar la bicicleta en el día sin coches !!

Info de www.publimetro.co  y de http://www.elespectador.com/

La Escuela Smart, una entidad que presta servicios de educación en idioma inglés, decidió que sus profesores no podían llegar en bicicleta o en cualquier otro medio de transporte que requiera esfuerzo físico en el Día sin carro en Bogotá.

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Según el comunicado, “No es apropiado empezar su horario laboral con aspecto de cansancio físico o una vestimenta no apropiada para las exigencias del servicio (…) No se permitirá el ingreso a las sedes de funcionarios que lleguen a su turno utilizando este tipo de medios de transporte”.

Ante este correo que se hizo viral en redes sociales, los usuarios hicieron varios comentarios en contra de la empresa.

Ante las críticas por la medida tomada el Día sin carro en Bogotá, el gerente de la empresa, Sergio Bello, habló y respondió a las críticas por la medida en el Día sin carro.

“Sinceramente queríamos velar por la imagen de nuestros profesores y hacer un llamado a las personas para que hagan un uso razonable de esta actividad porque prestamos un servicio de educación. En algún momento tuvimos quejas de estudiantes porque un profesor llegó sudado y mal presentado”, señaló Bello al diario El Espectador.

También afirmó que ellos no prohiben el uso de bicicleta, pero recomiendan al Distrito mejorar los cicloparqueaderos de la ciudad para que no haya robos de bicicletas.

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Cuando los niños llenaron Amsterdam de bicicletas…

Información tomada de: http://zaragozaciudad.net/caminosescolares/
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Detrás de cada conquista social hubo un gran número de personas luchando por alcanzarla y otro por frenarla. A veces es bueno pararse a pensar que las conquistas no siempre fueron iniciadas por adultos y que los niños y las niñas encendieron la mecha.

Eso ocurrió con las bicis en Ámsterdam, por ejemplo. No siempre estuvieron ahí, con su fantástica red de carril adaptado a las dos ruedas por toda la ciudad, con un 63% de la población optando por los pedales en lugar del acelerador. Hoy, lo saben hasta los coches. En Ámsterdam mandan las bicis.

Hubo un tiempo, sin embargo, en que el creciente número de automóviles tras la Segunda Guerra Mundial puso en peligro la supervivencia de la bicicleta como medio de transporte, no sólo en Ámsterdam sino en el resto de ciudades holandesas. El uso de la bici disminuía al ritmo de un 6% anual. Ante la demanda creciente de coches, sólo quedaba ir amoldado la ciudad a los motores y las cuatro ruedas.

El nuevo modelo de planificación urbana no tuvo pocas consecuencias. En 1971, hubo 3.300 víctimas mortales a causa del tráfico rodado. Cerca de 500 niños murieron atropellados por coches aquel año.

La sociedad reaccionó. En el barrio De Pijp, situado al sur de Ámsterdam, la excesiva concentración de población (cinco veces más que la media de densidad en la ciudad), el desorbitado espacio ocupado por los coches y la estrechez de las aceras, hacía la vida y el juego imposible para la infancia.

Los niños decidieron movilizarse y empezaron a recoger firmas, consejos y opiniones entre expertos y vecinos para tratar de cortar el tráfico y conseguir que su barrio tuviese una calle en la que pudiesen jugar sin peligro. La situación que sufrían y sus esfuerzos por cambiarla quedaron reflejados en un documental emitido en la televisión holandesa que conmocionó a todo el país.

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«Mi nombre es Ronald Dam y vivo en Govert Flinckstraat, en De Pijp», se presenta uno de los niños protagonistas del documental mientras camina por unas calles llenas de tráfico. «Todos estos coches son insoportables, apenas queda espacio libre. Miles de personas mueren en accidentes y la contaminación del aire cada vez es peor. Todo está diseñado para los coches, ¿por qué no vamos todos en bicicleta?», se pregunta Dam leyendo el manifiesto que los niños habían preparado en clase, El estado de De Pijp, los coches.

En el documental se puede ver cómo los niños, acompañados en las movilizaciones por adultos, recogen las posturas enfrentadas que dividían a los vecinos de su barrio y al resto de vecinos de las urbes holandesas. «¡Imposible! Nunca podréis cerrar una calle al tráfico, ¡ni hablar!», comenta enfurecido un vecino a los niños. «¡Por supuesto que no podéis!, es una calle de paso para el tráfico. ¡Para el tráfico!», les espeta otro.

Del otro lado, los vecinos que entendían que lo que los niños proponían era su derecho a jugar libres, a jugar como niños. «Hace 25 años disfrutábamos de una infancia maravillosa. No queda nada de aquello para estos niños», comenta un hombre.

«Puedes seguir preguntando», continúa el joven narrador del documental, «pero si la ciudad no actúa, tienes que pasar a hacer las cosas por ti mismo. Este es un ejemplo de cómo hacer una campaña y esto es lo que deberíamos hacer para lograr nuestra calle de juego». Los adultos apoyaron la movilización de los niños y empezaron a cortar las calles al tráfico. La tensión se respiraba en el ambiente.

«Este es el comienzo de una campaña mucho más amplia», explica un vecino. «Nos gustaría mantener los coches que no sean del vecindario fuera de nuestro barrio. Está bien que vengan al mercado, pero deberían aparcar en otro sitio y caminar por aquí. Los niños no pueden jugar con los coches continuamente pasando».

El documental se emitió por la televisión holandesa el 16 de marzo de 1972. Al día siguiente la prensa recogió las reacciones de apoyo a los niños en distintas partes del país, según explica en su blog el holandés Mark Wagenbuur (el mismo que tuvo la amabilidad de acortar el documental y poner subtítulos en inglés para subirlo a Youtube).

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La campaña por reducir el tráfico de los coches ya estaba en las calles. El prestigioso periodista Vic Langenhoff escribió un artículo en su periódico De Tijc titulado ‘Stop de Kindermoord’ (Paremos los asesinatos de niños). Su propio hijo había muerto tras ser atropellado por un coche. De nuevo, la sociedad reaccionó.

La joven e influyente activista Maartje van Putten (que años más tarde sería miembro del Parlamento Europeo) fue una de las personas que, cansada de ver cómo los coches atropellaban a los niños, inició junto a muchas otras personas una campaña que llevaría el mismo nombre que el artículo de Langenhoff, ‘Stop de Kindermoord’ y que durante los años siguientes protagonizaría multitudinarias protestas de niños y adultos por las calles de todo el país.

«Estábamos hartos de ver cómo los niños eran atropellados en las calles», explicaba van Putten en una entrevista de la BBC, que con apenas 23 años fue elegida presidenta de la campaña. «Nos movilizamos por todo el país. Una tarde en Ámsterdam entramos en una calle y cortamos el tráfico, colocamos una mesa enorme y nos sentamos a comer, niños y adultos. Todo era tremendamente pacífico, sólo queríamos recuperar las calles».

Con la campaña no sólo buscaban manifestarse, sino que contaban con el apoyo de expertos que empezaban a probar otros modelos urbanos. En la ciudad de Delft los ingenieros Joost Vahl y Hans Monderman iniciaban los primeros woonerf o zonas de convivencia como un modelo de barrio que democratizaba el acceso al espacio público y la seguridad de peatones y ciclistas.

Comenzaron implantándose en tejidos residenciales, centros urbanos de tráfico moderado o zonas comerciales y se estructuraban como calles sin semáforos, sin aceras y elementos para separar los carriles según el tipo de tráfico. La velocidad de los coches se limitó a 20-30 kilómetros por hora para permitir que peatones, ciclistas y motoristas compartieran el mismo espacio.

Las movilizaciones continuaron durante toda la década de los 70, en un momento en el que incluso la política internacional empujaba hacia nuevos modelos: con la crisis del petróleo (la Organización de Países Árabes impuso restricciones a muchos países europeos por el apoyo a Israel en guerra de Yom Kipur) los países tenían que buscar alternativas de transporte más sostenible y se impusieron, entre otras medidas, los domingos libres de coches. Las necesidades sociales empezaban a coincidir en todas las esferas.

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Las décadas siguientes vieron una proliferación de carriles bicis en vías con mucho tráfico rodado y en carreteras entre distintas ciudades. Crucialmente, la introducción de los carriles fue acompañada de otras mejoras para los ciclistas, como unos límites de velocidad cada vez más estrictos así como cambios en la ley que daban mayor prioridad a los ciclistas en los cruces.

Para muchos expertos, «la clave para favorecer el uso de la bicicleta ha sido la de controlar el tráfico de coches en lugar de (o acompañado por) los carriles bici, para crear así un paisaje urbano en donde los ciclistas mandan y los automovilistas son los invitados», tal como se explica en el libro Ciclying Cities.

Sin duda, la peculiar mezcla de las movilizaciones sociales (de niños a adultos, de ciclistas a expertos urbanistas) propició que los políticos se convencieran de la sensatez de reducir el peligro en las calles y favorecer el uso de la bicicleta. Hoy lo saben hasta los niños: la bicicleta no es sólo una seña de identidad en toda Holanda, sino su embajadora oficial en todo el mundo.

Zaragoza: Caminos Escolares STARS

Información de: http://zaragozaciudad.net/caminosescolares/

 se adhiere al proyecto  :

La presencia de los niños y niñas en las calles es un indicador de bienestar en las ciudades”. De este modo, la responsable de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Zaragoza, Teresa Artigas, ha puesto en valor los datos del programa Caminos Escolares y ha anunciado la adhesión del Ayuntamiento de Zaragoza al proyecto STARS. “Se basan en la filosofía de la Ciudad de los Niños, del pedagogo Francesco Tonucci”, ha explicado Artigas, señalando que en ambos programas el objetivo es “promover una actividad cotidiana de los niños, como es el camino de casa al cole, para que la realicen de forma autónoma, segura, activa y sostenible”.

Fotografía de Pedalea.

Representantes de la Jefatura Provincial de Tráfico de Zaragoza, Marta Monreal (jefa de servicio de Formación y Seguridad Vial) y Maribel Isla (coordinadora de Educación Vial), han participado en la presentación, para explicar el programa Sustainable Travel Accreditation and Recognition for Schools (STARS), que en el caso de Zaragoza se centrará en desplazamientos en bicicleta a los centros educativos de Educación Secundaria.
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Balance Caminos Escolares
El germen de los Caminos Escolares surge como propuesta de un Pleno Infantil en 2012, poniéndose en marcha en el curso 2012/2013. Ese año, en el CEIP La Jota y el CEIP Sainz de Varanda, se desarrollaron dos experiencias piloto.
El programa, que cuenta con la asistencia técnica de la Asociación Ágora, supone la puesta en marcha de rutas para realizar en grupo, con compañía de algún adulto o de manera autónoma. Esto se traduce en un beneficio para la ciudad, para el centro educativo, para el barrio y para los propios niños, tanto desde el aspecto ambiental, social y de salud. Los destinatarios son escolares de Educación Infantil y Educación Primaria. Actualmente están en marcha 32 rutas en toda la ciudad (con 407 escolares), diez de las cuales se efectúan de forma autónoma (con 102 escolares).
Para garantizar la perdurabilidad del programa en el tiempo, más allá del acompañamiento que realiza el Ayuntamiento, las rutas se acompañan de actividades educativas en las aulas, dinamización con las familias (trabajar la autonomía infantil, quitar miedos a los padres sobre que los niños vayan solos por la calle), así como con el tejido vecinal y los pequeños comercios del barrio, tejiendo red para que realicen una labor de vigilancia pasiva. “Para educar al niño hace falta una tribu entera”, este proverbio africano ha recordado Artigas.

 

Además de las cuestiones educativas y de dinamización, el proyecto contempla la realización de actuaciones concretas en el entorno de los centros escolares (ampliar aceras, adecuar cruces, cambiar tiempos de semáforos…) todo ello para realizar unas mejoras sustanciales de las que se beneficiará todo el barrio de cara a la movilidad peatonal. El presupuesto para estas medidas, para la mejora del espacio físico, ha pasado de 50.000 a 100.000 euros en 2017.

La bicicleta en el CEIP Agustina de Aragón Premio ‘Escuela y Deporte’ 2016

Los II Premios ‘Escuela y Deporte’ reconocen las mejores experiencias de promoción de la actividad física en colegios y por supuesto la bicicleta ha estado presente con el premio concedido al CEIP Agustina de Aragón.

Los ganadores son los colegios Agustina de Aragón, Cándido Domingo y Almozara, en la ciudad de Zaragoza, colegio Foro Romano de Cuarte de Huerva, y colegio Justicia de Aragón de Alcorisa

http://noticias.lainformacion.com/…/II-Premios-Escuela-Depo…

http://www.20minutos.es/…/ii-premios-escuela-deporte-recon…/

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